Quizás quiso decir

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¿Madre, allá se acaba el mundo?

¿Madre, allá se acaba el mundo?

domingo, 23 de enero de 2011

Olalla Gómez Jiménez




Dentro de mis trabajos las cintas de enmascarar son algo recurrente; sirviéndome de secuencias, tiras verticales cuyo significado es un código en sí mismo, un código que constituye, reconstituye o destruye. Como el código genético o los códigos de barras que en sí mismos guardan una información que nos puede transportar a elementos extintos y volver a constituirlos, o en sentido inverso, pasar de elementos pasados a elementos presentes. Anteriormente mi obra estaba centrada en la pintura en la que  investigaba cómo los ordenadores descomponían y reconfiguraban las imágenes fotográficas, y el efecto que tenían sobre como vemos las escenas que nos rodean.Lecturas de “segunda mano” visualizadas a través de un parpadeo y el filtro de la pantalla. Fotografías seductoras y sintéticas a la vez, formas y patrones que interrumpen el elemento realista. trabajaba con imágenes de los mass media que transcribía al lienzo, dando como resultado una imagen abstracta y realista a la vez, estudiando los métodos de construcción y percepción de imágenes y otorgándo a cada imagen un ritmo tiempo y materia de la que carecen hoy en día.
A medida que trabajaba en proyectos en los que incluía fotografía o instalación la experimentación con los códigos, las cintas de enmascarar y el propio discurso iban generando nuevos planteamientos. Mis intereses principales son la conformación de la identidad, tanto individual como colectiva y por ende su memoria o amnesia en un mundo líquido e hiperconsumista. Toda una red, una trama llena de códigos, fragmentos y resquicios que releer.

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