Quizás quiso decir

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¿Madre, allá se acaba el mundo?

¿Madre, allá se acaba el mundo?

martes, 25 de enero de 2011

DANIEL LLARÍA

Como enseñan a / como partirse en, 2007-2010, vídeo-instalación, medidas variables

Ante lo variado y cambiante de mi práctica he decidido presentar la parte por el todo apróximandome a una única vídeo-instalación: "Cómo enseñan a / cómo partirse en".
Extracto de un texto de Aimar Arriola.

Daniel Llaría conoce bien el deseo, con su anverso y reverso. En su quehacer, el deseo es el motor de un proceso continuado de des-aprendizaje, pero un motor cuya energía ha de ser administrada con cautela, pues hay riesgo de explosión. Este des-aprendizaje no tendría tanto que ver con la reversibilidad del conocimiento, con el vaciado de saber, en sentido nietzscheano, sino con una necesidad de establecer barreras a la acción y poner límites a la experiencia. Él lo define como un proceso de des-aprendizaje en cuanto que procedimiento de re-alienación. En su acepción corriente, alienación tendría el mismo sentido que enajenación, y designaría la privación transitoria del juicio. Pero la alienación puede ser también un proceso auto-inducido, con fuerte capacidad de emancipación.
El personaje protagonista del vídeo Como enseñan a / como partirse en está sumido en un aparente estado de alienación. Un cuerpo enfrentado a la cámara, con sus manos en primer término, desarrolla una cadena de acciones absurdas, aparentemente inconexas: se ata una brida de plástico a la muñeca, enciende un petardo con un mechero, se golpea el dedo con un martillo, se prende un lazo rojo, se derrama encima una terrina de leche, se pone un guante de trabajo, enseña los genitales, destroza un CD, y finalmente muestra un espejo en el que se refleja quien tiene enfrente, re-instituyendo la cadena de acciones como un proceso de comunicación (¿con “el Otro”?, ¿con nosotros?, ¿con él mismo?).
La relación del personaje con el entorno, y también consigo mismo, es de extrañamiento: el sujeto/cuerpo se abstrae y deviene fondo —median- te el procedimiento técnico del chroma key— y sus manos quedan aisladas en la imagen, como amputadas, adquiriendo una inquietante autonomía. A través del despliegue acumulativo de recursos propios del vídeo (la edición, los efectos, el sonido, etc.), el trabajo reivindica el medio en su especificidad como significante, y parece querer desplazarnos de la alienación de la experiencia provocada por la automatización de los mecanismos de la percepción.

Enlace Vídeo (color y sonido) 4’04”

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