Quizás quiso decir

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¿Madre, allá se acaba el mundo?

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viernes, 19 de noviembre de 2010

La duración



Fotointerpreta 2010
Francisco Navarro Herrera crea una serie de fotografías a partir de un texto La duración del libro Devoradores de Antonio Pomet

El espejismo de la gran capacidad de elección que el hombre occidental se otorga ha terminado por nombrar como la más grande de las elecciones, precisamente, a la que le despoja de todas ellas. 
No podemos vivir siempre, pero sí decidir cuándo dejar de estar vivos. Estamos condenados, de un modo más o menos literal, a habitar la muerte, ese parnaso al margen de la voluntad y la culpa. 
No sólo la sufrimos como final, también convivimos con ella, la degustamos. 
Este proyecto está cifrado en torno a la idea posmoderna de la muerte como deseo. No pretende tanto abordar la muerte como parte de la condición y la vida humanas, sino como fin último reconocible de los límites del conocimiento. La falta de identidad del hombre contemporáneo provoca en él la idea de la muerte como aspiración, como apetito, del mismo modo que la identidad, la pertenencia, le legó antes la idea de supervivencia. 
Las fotografías y los relatos de este proyecto estarán protagonizados por hombres y mujeres que buscan algo imposible de hallar: el sentido del recorrido cotidiano que trazan hacia su desaparición.

El hombre contemporáneo ha perdido la noción de pertenencia y ha abrazado una nueva noción de identidad, arraigada no en una cultura ni en una historia, sino en lo desechable. La desvinculación del hombre con su pasado lo desarraiga de su propia visión de futuro, y lo inserta para siempre en un territorio estático y cerrado, donde nada se relaciona con nada, donde el pensamiento es castrado. 
El hombre contemporáneo ha dado un paso de gigante, pero hacia atrás: como un animal cualquiera, vive el presente, entiende el presente y rechaza cualquier vindicación de su pasado, o lo que es lo mismo, de su cultura. La suya es, otra vez, una existencia puesta al servicio del ahora. 
La contemplación pudo ser en el pasado aquello que definía y separaba al hombre del resto de animales. La comprensión de sí mismo y del mundo -y de sí mismo en el mundo- la concedía no un concepto estático, sino algo abstracto, subjetivo, móvil, contradictorio y profundamente humano: una intuición. La intuición de la duración. La imposibilidad del hombre contemporáneo de percibir el tiempo subjetivo, el tiempo psíquico, el verdadero tiempo, al que ha confundido con el tiempo de la física, funciona hoy en día como catalizador o resumen de la negación de pertenencia e identidad. 


Los personajes de esta exposición, como los personajes del libro que interpreta, son incapaces de percibirse dentro de una existencia con continuidad donde el presente conviva con el pasado y el futuro. Parecen no existir. Sin embargo parecen conscientes de ese hecho. Son conscientes de su inconsciencia gracias a ese mecanismo que despliega toda su fuerza únicamente en el terreno del arte: la paradoja, el continente de la contradicción. Aquello que, en última instancia, ha fundado su argumento, explicado su historia, sus acciones, su carácter, el encuadre, la composición, la luz. 
Aquello que, por otro lado, da una explicación a la idea de que la muerte, la finitud, pueda formar parte -hoy que en apariencia todo puede ser pensado y saciado- de ese territorio que llamamos deseo.
Texto: Antonio Pomet



Antonio Pomet
Colección Narrativa. Pretextos
Devoradores

Cifrados en torno a la idea posmoderna de la muerte como deseo, los relatos de Devoradores tienen en común, según Luis Mateo Díez, “un estilo literario muy escueto, casi lacónico para narrar escenas de la vida cotidiana que sufren un giro y cambian de forma radical, llegando a ofrecer al lector escenas muy perturbadoras y sugerentes”.

El espejismo de la gran capacidad de elección que el hombre occidental se otorga ha terminado por nombrar como la más grande de las elecciones, precisamente, a la que le despoja de todas ellas. No podemos vivir siempre, pero sí decidir cuándo dejar de estar vivos. Los personajes de este libro están abocados, de un modo más o menos literal, a habitar la muerte, ese parnaso al margen de la voluntad y la culpa. La pareja que intenta lanzar al océano una bolsa con un cuerpo dentro, los voluntarios de la zona cero de Manhattan rastreándose a sí mismos, o el arquitecto que trata de encontrar cifras en una sierra para entender el amor que siente y el asesinato que planea cometer son ejemplos de hombres y mujeres contemporáneos, cansados y agresivos, en busca de algo imposible de hallar: el sentido del recorrido cotidiano que trazan hacia su desaparición.

Antonio Pomet (Granada, 1973) ha sido profesor de literatura y periodista para Rolling Stone y El País. En 2003 publicó Mil perros dormidos, premio Andalucía Joven de Narrativa (DVD ediciones). Devoradores es su segundo libro de relatos.

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